¿Vale la pena?
El Amonax MEP2 encaja sobre todo con quien busca mover las piernas sentado en casa, con un esfuerzo suave y sin montar una bicicleta estática en el salón. Su gancho real está en la combinación de pedaleo motorizado, mando a distancia, giro hacia delante y hacia atrás y un formato compacto de 45 x 18 x 34 cm que cabe mejor en rutinas domésticas que en entrenamientos intensos. La contrapartida está clara: es más una máquina de movilidad y constancia que de trabajo fuerte, y su manejo puede resultar menos intuitivo de lo deseable para algunas personas mayores.
Mi veredicto rápido es favorable si quieres un pedaleador silencioso, estable y fácil de integrar junto al sofá, la silla o debajo de un escritorio. Lo compraría para uso diario suave, para personas sedentarias o con movilidad reducida y para quien valore mucho el mando a distancia. Lo dejaría pasar si buscas resistencia regulable de verdad o una interfaz extremadamente simple para alguien que se abruma con varios botones, porque ahí hay alternativas más claras.